Se dice a menudo que
la docencia es una labor poco valorada socialmente, pero pienso que esta
afirmación merece alguna precisión. Es cierto que su tratamiento en los medios
de comunicación no suele ser el más positivo y que se resaltan los aspectos que
no funcionan. ¡Pero es que el trabajo diario dentro de la normalidad no es
noticia! Por otra parte, si descendemos al ámbito más cercano, padres y madres
de los alumnos, sí que dan mucha importancia a la labor que hacen los centros y
el profesorado con sus hijos.
Lo que no cabe ninguna
duda es que se trata de una función social de primera magnitud. Ayudar a
formarse a los niños y jóvenes, si se hace desde la profesionalidad y con
dedicación, es fundamental. Algunas sociedades así lo reconocen, como la
finlandesa.
¡Qué importante es
ayudar y acompañar a los niños a crecer como personas! Enseñar contenidos,
ayudar a desarrollar habilidades, acompañar a quien presenta dificultades de
aprendizaje, escuchar, en definitiva hacer brotar lo mejor de cada uno. Todos
recordamos a profesores que han dejado un muy grato recuerdo en nuestra
trayectoria escolar y que, de alguna manera, han contribuido a ser lo que somos.
No se trata de una
labor fácil, puesto que la escuela refleja en gran medida los problemas
sociales. La complejidad es cada vez mayor, pero es posible dar una respuesta
adecuada si trabajamos con entusiasmo y en equipo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario