Ha
sido grata la lectura del capítulo “La familia es clave” del libro Invitación a pensar. Conforme lo iba
leyendo, muchas expresiones, anécdotas, acontecimientos familiares se han
agolpado en mi cabeza. Realmente me ha resultado “familiar” su lectura.
Cuando
me refiero a la familia no me ciño a los que vivimos en la misma vivienda. Para
mí el concepto es mucho más amplio, puesto que incluyo a abuelos, tíos, primos,
etc. Tengo la suerte de pertenecer a una familia que se reúne a menudo con
cualquier pretexto: a comer los domingos y festivos, con motivo de los
cumpleaños, en celebraciones más importantes… Una familia que incluye a
personas de diferentes generaciones, desde personas mayores a una niña recién
nacida.
En
mi experiencia personal, familia es sinónimo de compartir: alegrías, penas,
esfuerzos, éxitos, fracasos… Sentir que lo que le pasa a los demás es muy
importante para mí, tanto como si me pasara a mí misma, y que en lo que me pasa
a mí no estoy sola. Alegrarse con el bien de los demás hace que tengas muchas
razones para estar alegre. Claro que compartir requiere saber ceder: cuando hay
que elegir el canal de televisión, cuando no te apetece hacer la compra, cuando
queremos usar el coche, incluso cuando hay que organizar unas vacaciones
conjuntas.
Pensar
más en los demás que en una misma es una fórmula que no falla. Es lo que me han
transmitido mis padres y abuelos. Aún recuerdo cuando en algunas comida
especial había “almejas a la marinera” y la abuela decía que no le apetecían
más, sólo porque veía lo a gusto que estábamos comiendo. Una lección para no
olvidar.
Pero
la familia hay que cuidarla, hay que buscar espacios y tiempos para compartir,
tanto de lunes a viernes como los fines de semana. Se puede buscar tiempo para
los amigos y para la familia. Compartir la mesa, aunque sólo sea a la hora de
la cena porque no coincidimos a mediodía, es una buena práctica. Ver juntos un
programa de televisión, hacer una salida al monte… está al alcance de
cualquiera. Incluso reservar unos días del verano para ir de vacaciones en
familia como cuando éramos pequeños. Hay que fomentar la comunicación, aun
cuando uno esté lejos. ¡Qué emocionante ver a
los abuelos hablar por Skype con el nieto que está estudiando muy lejos!
Pero
la “prueba del algodón” aparece en las dificultades. Una enfermedad, una dependencia… condiciona considerablemente la
vida familiar. Hay que tenerlo muy claro para responder como los mayores se lo
merecen.
Pienso
que donde se aprende de verdad a querer y donde una se siente querida es en
gran medida en la familia. Siendo eso lo más importante, parece obvio que hay
que cuidar ese ámbito con mucho cariño.
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