jueves, 14 de noviembre de 2013

LA FAMILIA ES CLAVE

Ha sido grata la lectura del capítulo “La familia es clave” del libro Invitación a pensar. Conforme lo iba leyendo, muchas expresiones, anécdotas, acontecimientos familiares se han agolpado en mi cabeza. Realmente me ha resultado “familiar” su lectura.
Cuando me refiero a la familia no me ciño a los que vivimos en la misma vivienda. Para mí el concepto es mucho más amplio, puesto que incluyo a abuelos, tíos, primos, etc. Tengo la suerte de pertenecer a una familia que se reúne a menudo con cualquier pretexto: a comer los domingos y festivos, con motivo de los cumpleaños, en celebraciones más importantes… Una familia que incluye a personas de diferentes generaciones, desde personas mayores a una niña recién nacida.
En mi experiencia personal, familia es sinónimo de compartir: alegrías, penas, esfuerzos, éxitos, fracasos… Sentir que lo que le pasa a los demás es muy importante para mí, tanto como si me pasara a mí misma, y que en lo que me pasa a mí no estoy sola. Alegrarse con el bien de los demás hace que tengas muchas razones para estar alegre. Claro que compartir requiere saber ceder: cuando hay que elegir el canal de televisión, cuando no te apetece hacer la compra, cuando queremos usar el coche, incluso cuando hay que organizar unas vacaciones conjuntas.
Pensar más en los demás que en una misma es una fórmula que no falla. Es lo que me han transmitido mis padres y abuelos. Aún recuerdo cuando en algunas comida especial había “almejas a la marinera” y la abuela decía que no le apetecían más, sólo porque veía lo a gusto que estábamos comiendo. Una lección para no olvidar.
Pero la familia hay que cuidarla, hay que buscar espacios y tiempos para compartir, tanto de lunes a viernes como los fines de semana. Se puede buscar tiempo para los amigos y para la familia. Compartir la mesa, aunque sólo sea a la hora de la cena porque no coincidimos a mediodía, es una buena práctica. Ver juntos un programa de televisión, hacer una salida al monte… está al alcance de cualquiera. Incluso reservar unos días del verano para ir de vacaciones en familia como cuando éramos pequeños. Hay que fomentar la comunicación, aun cuando uno esté lejos. ¡Qué emocionante ver a  los abuelos hablar por Skype con el nieto que está estudiando muy lejos!
Pero la “prueba del algodón” aparece en las dificultades. Una enfermedad, una  dependencia… condiciona considerablemente la vida familiar. Hay que tenerlo muy claro para responder como los mayores se lo merecen.   
Pienso que donde se aprende de verdad a querer y donde una se siente querida es en gran medida en la familia. Siendo eso lo más importante, parece obvio que hay que cuidar ese ámbito con mucho cariño.



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