La
lectura del libro Invitación a pensar
me ha acercado a importantes temas de actualidad sobre la realidad que nos
rodea y que, a pesar de que nos influyen, a menudo pasan desapercibidos o nos
les dedicamos la atención que merecen. Uno de ellos es la participación en las
redes sociales y el uso de móviles.
El uso generalizado de las
tecnologías de la información y la comunicación está cambiando nuestro modo de
socializarnos. Una postura fácil al reflexionar sobre este fenómeno sería la de
anclarse al pasado; sin embargo, una mirada atenta invita a abordar el nuevo
contexto como una oportunidad, un reto, tanto en lo personal como en lo
educativo.
No cabe duda de que en la actualidad
disponemos de unas potentes tecnologías de la información y la comunicación con
indudables ventajas y potenciales riesgos. Podemos constatar cómo nos relacionamos mucho a través de
las redes sociales o móviles y, en cambio, a veces se nos hace difícil relacionarnos
cara a cara. Es frecuente observar que, aun cuando varios amigos están físicamente
juntos, a menudo cada uno está entretenido con su móvil sin prestar mucha
atención a los demás; ¿es coherente hacerlo
cuando puedes estar charlando tranquilamente con los amigos?
Las ventajas del nuevo contexto se
nos presentan con fuerza: facilita el flujo de la información y la
instantaneidad del acceso a la misma, se transciende lo local, permiten la
interacción y colaboración de personas a distancia, facilita la relación con
familiares que se encuentran lejos… Un claro ejemplo es el “contacto” mediante
Skype entre padres e hijos que se encuentran estudiando o trabajando en otros
países.
Pero no hay que subestimar los peligros que su uso puede suponer,
como la exposición de los niños a contenidos inapropiados, las adicciones, la
amplificación de problemas sociales que ya existían (como el bullying y su actual versión de
ciberacoso), la pérdida de la intimidad, la sustitución de las relaciones
presenciales más profundas por otras más superficiales, el riesgo de ser presa
de engaños, la falta de dedicación a las personas próximas o la pérdida de
concentración en las tareas…
En este
nuevo escenario nos podríamos preguntar si actualmente lo virtual se contrapone
a lo real. Más bien pienso que lo virtual se ha convertido en tan real como lo es
lo presencial. Por eso, antes que plantear soluciones fáciles, lo que se
requiere es un planteamiento riguroso de la educación de la personalidad, tanto
en el ámbito familiar como en el escolar y el social. Es importante educarse en
el
conocimiento de los medios utilizados, el control del tiempo y el momento en
que se utilizan, en el autocontrol y en las consecuencias de los propios actos
y tomar medidas para que no sustituyan la relación presencial con amigos y
familiares. Además, tanto para padres como para educadores es muy importante
ser capaces de identificar las señales que apuntan a situaciones de riesgo.
En
conclusión, pienso que según como se empleen las redes sociales o los móviles
pueden ser útiles, pero con la condición de no hacer un uso abusivo. Estos medios no pueden ser tomados como un fin en sí
mismos, sino como herramientas para lograr el objetivo de socializarse. En
definitiva, lo que realmente importa es el desarrollo personal y social de las
personas.

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