jueves, 14 de noviembre de 2013

REDES SOCIALES Y MÓVILES

La lectura del libro Invitación a pensar me ha acercado a importantes temas de actualidad sobre la realidad que nos rodea y que, a pesar de que nos influyen, a menudo pasan desapercibidos o nos les dedicamos la atención que merecen. Uno de ellos es la participación en las redes sociales y el uso de móviles.
El uso generalizado de las tecnologías de la información y la comunicación está cambiando nuestro modo de socializarnos. Una postura fácil al reflexionar sobre este fenómeno sería la de anclarse al pasado; sin embargo, una mirada atenta invita a abordar el nuevo contexto como una oportunidad, un reto, tanto en lo personal como en lo educativo.
   No cabe duda de que en la actualidad disponemos de unas potentes tecnologías de la información y la comunicación con indudables ventajas y potenciales riesgos. Podemos constatar cómo nos relacionamos mucho a través de las redes sociales o móviles y, en cambio, a veces se nos hace difícil relacionarnos cara a cara. Es frecuente observar que, aun cuando varios amigos están físicamente juntos, a menudo cada uno está entretenido con su móvil sin prestar mucha atención a los demás; ¿es coherente  hacerlo cuando puedes estar charlando tranquilamente con los amigos?
Las ventajas del nuevo contexto se nos presentan con fuerza: facilita el flujo de la información y la instantaneidad del acceso a la misma, se transciende lo local, permiten la interacción y colaboración de personas a distancia, facilita la relación con familiares que se encuentran lejos… Un claro ejemplo es el “contacto” mediante Skype entre padres e hijos que se encuentran estudiando o trabajando en otros países.
Pero no hay que subestimar los peligros que su uso puede suponer, como la exposición de los niños a contenidos inapropiados, las adicciones, la amplificación de problemas sociales que ya existían (como el bullying y su actual versión de ciberacoso), la pérdida de la intimidad, la sustitución de las relaciones presenciales más profundas por otras más superficiales, el riesgo de ser presa de engaños, la falta de dedicación a las personas próximas o la pérdida de concentración en las tareas…
En este nuevo escenario nos podríamos preguntar si actualmente lo virtual se contrapone a lo real. Más bien pienso que lo virtual se ha convertido en tan real como lo es lo presencial. Por eso, antes que plantear soluciones fáciles, lo que se requiere es un planteamiento riguroso de la educación de la personalidad, tanto en el ámbito familiar como en el escolar y el social. Es importante educarse en el conocimiento de los medios utilizados, el control del tiempo y el momento en que se utilizan, en el autocontrol y en las consecuencias de los propios actos y tomar medidas para que no sustituyan la relación presencial con amigos y familiares. Además, tanto para padres como para educadores es muy importante ser capaces de identificar las señales que apuntan a situaciones de riesgo.
En conclusión, pienso que según como se empleen las redes sociales o los móviles pueden ser útiles, pero con la condición de no hacer un uso abusivo. Estos medios no pueden ser tomados como un fin en sí mismos, sino como herramientas para lograr el objetivo de socializarse. En definitiva, lo que realmente importa es el desarrollo personal y social de las personas.


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